domingo, 19 de abril de 2009

¿Destino o lo otro?

Sólo quiero decir unas palabras: ¿no os chirría que la gente hable de "el destino existe" o "no existe el destino" cuando, en realidad, sólo vivimos una vez? Quiero decir, no es como si tuviéramos la posibilidad de volver atrás y probar a hacer otra cosa para demostrar que las consecuencias de nuestros actos no estaban prefijadas de antemano. Suena absurdo.

Planteado de modo menos radical: si el Ente X (Dios, Azar, Caos, llamadlo como queráis) trazó el destino mismo de nuestra existencia y definió al principio de los tiempos el resultado de cada una de nuestras acciones (cuya realización dependería, a su vez, de los resultados de otras acciones), ¿cómo podemos saber que lo hizo, si no dejó ninguna señal? Sólo y exclusivamente lo sabríamos si volviéramos "atrás en el tiempo" y lo viéramos actuando, o si Y SÓLO SI, se manifestara. Ninguna de esas dos cosas ha ocurrido, con lo que...

Del mismo modo, no hay ninguna señal de que el Ente X (en su infinita y jodidamente retorcida sabiduría) exista o NO exista. Ergo, ¿merece la pena plantearnos, por el amor del Ente X, si hay un Destino prefijado si ni siquiera podemos razonarlo de forma consistente?

Supongo que lo mismo podría decir de la posibilidad contraria, la que explica la ciencia: en un universo cuántico, somos capaces de escoger, ya que todo es estadística y los hechos no se pueden calcular de antemano ni por casualidad; de todo modo, esto son matemáticas, y aunque no me tengo por alguien especialmente estúpido, reconozco que me siento imbécil cuando oigo hablar de teorías de supercuerdas, universos paralelos y energía oscura, con lo que yo (y la gran mayoría de los simples mortales, espero) no tengo ni idea de si el planteamiento científico es más o menos correcto que el otro. Sí, también tengo problemas con la teoría cuántica. Lo cual no deja de ser una pena, por cierto.

De hecho, es divertido, porque la ciencia también tiene teorías (que muchos consideran superadas) como el mecanicismo universal, que establecen el determinismo: anular por completo las posibilidades de actos inexplicables, que todos los hechos sean causas de efectos posteriores y efectos causados por hechos previos. Por ende, establece que todo es calculable con un margen de error que sólo depende de lo fiable que sea el físico encargado de ello.

Aún más divertidas son las "teorías" religiosas que afirman, contra toda lógica, que Dios lo contro... perdón, que el "Ente X" lo controla todo (es omnisapiente y omnipotente) y, a un tiempo, nos permite el libre albedrío con la intención de ponernos a prueba para ver si somos lo bastante de fiar como para ir al Cielo y disfrutar de Su Gloriosa Jeta durante toda la Eternidad. Hay mucha gente que se lo cree, después de todo. A lo mejor hasta es cierto. Unos hablan de cuerdas, otros hablan de palomas. ¿Qué más da? Yo ya tengo bastante con mantenerme dentro de mis cabales.

En fin. Otro campo de batalla entre ciencia y creencia, supongo. Hale, más leña al fuego.

jueves, 16 de abril de 2009

El arma perfecta


Durante algún tiempo, me he dedicado a planteármelo. Esta claro, sin ninguna duda, que nuestra obsesión como sociedad por las armas y por guerras, por los conflictos, queda reflejada en el cine, los videojuegos, la publicidad y todas las expresiones culturales correspondientes. Somos una sociedad enferma, sin cura. De hecho, a veces me pregunto si la alternativa no sería algo sosa, pero pienso rápidamente en el caos postbélico de países arrasados por las armas (se me vienen a la cabeza Hiroshima, Berlín, París, Londres... pero también Bagdad, Fallujah, un sinfín de nombres exóticos que tendría que relacionar con las Mil y Una Noches, no con la guerra).

¿Deseamos de verdad el conflicto? Bueno, tal vez sí. Pero hay conflictos y conflictos. El arma perfecta para cierta clase de conflicto es, sin duda alguna, la palabra (me permito citar al poeta: la poesía es un arma cargada de futuro). Por desgracia, ¿qué hacer cuando te viene un gallardo caballero medieval, lanza en ristre, o un honrado padre de familia alemán con casco picudo y rifle, o un hábil marine estadounidense con M16, todos ellos enarbolando intenciones algo menos elaboradas que la de citar poesía? Ese es el tipo de conflictos que podrían plantear dificultades.

Al fin y al cabo, caramba... ¿quién crea las dificultades que provocan muertes? ¿Cambiarían las cosas si la gente del mundo tuviera más armas con las que defenderse, si el nivel de amenaza de todos los países hacia otros fuera el mismo? Al fin y al cabo, fue esa semejanza en el nivel de potencial militar el que equilibró y retuvo el despropósito de la Guerra Fría. Por otro lado, es un equilibrio basado en las armas nucleares, y nadie puede negar que son las armas más diabólicas jamás creadas, ya que, para que surtan algún efecto, es necesario demostrar su potencial al menos una vez; esto ya ha ocurrido, pero quiero creer que el mundo no lo ha olvidado. Por todo ello, y en el súmmum de la ironía, se impone esta pregunta: ¿es bueno mantener armas nucleares engrasadas y a punto para mantener la paz?

Por otro lado, resulta muy interesante el hecho de que miles de millones de euros (o de dólares, que es la principal moneda de los traficantes de armas) sean desviados constantemente a la producción y compraventa de armamento cuyo uso no es disuasorio, sino directamente letal. Los gobiernos recurren a las armas como quien recurre a los insecticidas, para librarse de situaciones molestas. El problema detrás de estas acciones armadas es que las "situaciones" son personas.

Sin embargo, el exponente más enfermizo de todo el juego de las armas llega cuando se legitima la posesión de armas... armas en manos "civiles". Seres tan humanos como los propios militares o los policías, pero cuyos actos están constreñidos sólo por el difuso código penal de cada país, y no por un reglamento, una disciplina o un uniforme. Es fácil que los "profesionales" armados pierdan la cabeza en un momento dado (como ocurre con todos aquellos a los que se le da un poder para el que no son lo bastante maduros o tengan un férreo autodominio, supongo), pero es igual de fácil que una persona normal pierda los nervios en un momento dado y se decida a matar a alguien. Un vecino, un transeúnte al azar o su esposa, da igual: así son las ansias asesinas. Coge un cuchillo, o una barra metálica, y no para hasta a matar a alguien. Así puede llegar a ser una persona. Vale. Ahora, ponle en las manos a esa persona un arma de fuego.

¿Alguien más ve el problema de las armas?


Al principio, creía que la mejor arma es la que no se emplea. Por desgracia, conforme más lo pienso, me he dado cuenta de que tener un arma nuclear equivale a tener siempre un cierto riesgo de guerra nuclear. Por ende, no merece la pena tener armas nucleares. Si progresamos con este razonamiento, la abolición de las armas es, más que sensata, inevitable a largo plazo.

Sin embargo, en nuestro mundo, en el que la violencia se considera ya tan dentro de nosotros mismos que se acepta como inevitable ("está en los genes", "necesito descargar adrenalina", "si no lo hago reviento", etc), no se puede manejar la retirada de las armas como forma de defensa, aunque sean las porras y los escudos antibalas, porque siempre aparecerán asesinos. Si me apuras, también es muy fácil que aparezcan terroristas que intenten resucitar las armas y mover el mundo a través de la violencia. No lo sé. Sólo sé que las grandes revoluciones coinciden con intensas resacas sociales que no suelen ser buenas para casi nadie, y nuestro organizado mundo occidental, tan civilizado y ordenadito, sería bastante inestable si nos empeñáramos a retirar todas las armas del mundo en una noche.

¿Y cómo vencer esta barrera de inercia cultural que son las armas en manos de particulares? Bueno. Es fácil. Empleando el arma perfecta: la educación.

No basta con educar a unos pocos, o con educarlos en valores sencillos y prefabricados. No vale darles una sarta de divertidos principios de Fisher Price. No es suficiente el ofrecerles ceras de colores para que pinten un dibujito con la paloma de la paz (nótese que las palomas son blancas). Debemos educar a sociedades enteras, sin marginar a nadie, en la idea básica de que la violencia no lleva a nada nuevo. Si queremos conseguir sobrevivir a la violencia y al consumismo, debemos entrenar a las generaciones venideras en los principios de la resposabilidad y de la tolerancia al prójimo. Debemos extirpar la necesidad de la violencia (al menos, de la violencia real, del maltrato doméstico e institucional, de los conflictos entre comunidades, etnias o religiones...) en la gente. Para ello, no debemos recurrir a programas de condicionamiento a lo Mundo Feliz, ni reinventar la reeducación de la Naranja Mecánica. Valdría, simplemente, con ser coherentes y constantes en la educación, ya desde una temprana edad.

El arma más poderosa, pues, no es la palabra (por sí sola). Tampoco es la bomba atómica. El arma más poderosa no es un cañón de más calibre, ni una ametralladora con más balas, ni un misil más explosivo. El arma más poderosa no es ni siquiera la astucia al estilo de César o de Sun Tzu de desanimar a los enemigos antes de la batalla, disuadiéndoles de la lucha. El arma más poderosa no es ni tan sólo la capacidad para eliminar los motivos de la lucha, porque es virtualmente imposible en nuestro marco social. No. El arma más poderosa es la educación. Puede darnos una generación de Juventudes Hitlerianas o una generación del 27.

Así que, si hay algún estudiante de Magisterio leyendo esto, ¡curráoslo, que el mundo está en vuestras manos!


(Las imágenes: Un marine norteamericano en mitad de un fregado de los de calibre grueso; lógico que pierdan la cabeza. Un póster de un webcómic de gamers, Ctrl+Alt+Del, al que dedicaré su propia crónica de videojuegos -de antemano repito que la relación específica entre violencia y videojuegos está por demostrar- y, por último, un esquema MUY interesante sobre la división de fondos de los presupuestos norteamericanos (nótese la diferencia entre educación y gasto militar, por favor... Y recordad: la mano que mece la cuna es la mano que domina el mundo.)

martes, 14 de abril de 2009

Epístolas · Al indeciso.

No es que no tengamos elección. La tenemos.

Pero nos falta convicción para afrontar lo que escogemos. Y, después, para combatir o aprovechar las consecuencias. En ocasiones, es mejor que no te percates ni siquiera de que esas consecuencias estaban ahí, si careces de la convicción, de la fuerza de voluntad, necesaria para enfrentarlas.

¿Crees que no tengo razón?

Conforme te das cuenta de lo molesto que es encontrar a gente, a personas, detrás de decisiones que te molestan, estás decidido a hacer que sus decisiones cambien. Pero eres tú quien es desplazado, tú eres la opinión que cede. Te doblas a las elecciones de otros. Y terminan decidiendo por tí.

Quien dijo que ser un junco flexible es mejor que ser un tronco duro y grueso pero quebradizo se equivocaba. Es mejor ser bambú. Duro Y flexible. Pero tú eres un junco. Si sopla el viento, le acompañas, si te acaricia la brisa, tiemblas, si el temporal te asedia, te dejas matar. Es la historia de tu vida.

¿Sabes qué te falta? Convicción.

Ese es tu mundo. Y si te dijera "¡tienes que cambiar y dejar de obedecer a todo lo que te dicen!", y lo hicieras, ¿habrías cambiado? Adoro las paradojas, pero esta en concreto no tiene ninguna gracia. Y, por desgracia, forma parte de tu mundo.

Estas condenado a ser obediente. Obediente al estado, obediente a tus ideales, obediente a las reglas, obediente a papá y a mamá, obediente a Hacienda, obediente a la moral, obediente a algo, a todos o a una sóla cosa, da igual, pero estas atado a algo, puesto que no tienes voluntad o iniciativa suficientes para librarte de ello, con lo que tienes que obedecer. Y no porque no quieras serlo, amigo mío, no; es sólo que eres quien quieres ser. Y ser quien eres conlleva, ¡oh, pesadilla!, ser obediente.

¿Quieres cambiar? Entonces, no te quejes. Levántate. Camina. Lucha, si es necesario. Estas no son instrucciones, son condiciones. Tienes que decidir qué hacer, qué conseguir. ¿O es que lo tienes claro?

En ambos casos, la decisión de qué hacer con tu vida, si es que quieres hacer algo con ella, está en tus manos. No, no quiero decir con esto que ignores al mundo que te rodea, que te conviertas en un ronin descabellado y decidas cortar cabezas a ambos lados; puedes seguir a alguien, puedes obedecer, si quieres, puedes aceptar lo que otros te digan... pero hazlo porque quieras hacerlo, porque decidas hacerlo. Tus elecciones son lo que te hace (y viceversa), pero eso no te convierte en una isla sin contacto con el resto del universo. Está en tus manos decidir a dónde y por qué (y con quien) quieres acudir. Y no te engañes. Tenemos elección. Sólo nos hace falta la convicción necesaria para que la elección cobre forma.

Caramba, Sartre estaría orgulloso de toda esta disertación. O tal vez no.

Sabiendo esto, las elecciones ya no deberían importarte. Ahora, te toca alcanzar la convicción.

Buena suerte, amigo mío.


[PD: En realidad, este es un refrito criminal de otra cosa, pero no es como si lo hubiera leído alguien, así que... ^^]

lunes, 13 de abril de 2009

Crónicas del Webcomic (Parte 1)

Bueno, pues eso. Las Crónicas del Webcomic. No son crónicas de nada, pero sí son hablan de los Webcomics, así que no hay por qué preocuparse.

La verdad es que sólo quería dejar una viñeta de XKCD, el webcomic que he estado visitando desde hace algún tiempo. En respuesta a vuestra pregunta tácita: sí, me gusta. Y cada vez es más raro. Y cuesta cada vez más seguirlo. Pero me divierto con él. Así que, terrícolas, dejadme volver a mis asuntos antes de que me sienta aún más fuera de lugar.

Primero, limpiemos la sala de teletransporte del platillo volante... oh, quiero decir... ai wona wanga...

miércoles, 8 de abril de 2009

Prohibido ser realistas



Quiero declarar que, oficialmente, hoy es un día SIN REALISMO en El Universo es un Pañuelo. Como es el primero de los días SIN REALISMO, quiero hablaros de algo realmente irreal (no, no pretende ser un juego de palabras), pero que me viene a la cabeza con frecuencia... vais a ver con qué amueblo yo mi cráneo, ya...

He aquí tres superpoderes con los que, sinceramente, sueño todos los días.

- Teletransporte. La movilidad absoluta, a corto y a largo plazo. No importa dónde estés, puedes estar en cualquier otro lugar instantáneamente. Si la empleas a cortas distancias, te conviertes en un blanco móvil (demasiado móvil). Si la empleas a distancias medias, puedes huir o perseguir instantáneamente. Si la empleas a largas distancias, las fronteras y los billetes de avión no volverán a ocupar ni un sólo átomo de interés en tu cerebro. Lo difícil, claro está, es ser consciente de dónde vas a terminar. Si te teletransportas a ciegas, lo más probable es que acabes en mitad de una roca, parcialmente fundido con una roca o mezclado con un inocente transeúnte que pasaba justo por donde te has materializado. Sin embargo, para eso tenemos el segundo superpoder.


- Intuición sobrenatural. No sé si alguien ha tocado este poder en concreto en alguna obra de ciencia ficción o de fantasía, pero quien quiera que lo tenga se lo ha de pasar bien de verdad. Es decir, ¿quién no ha querido entrar en un edificio y saber aproximadamente dónde y cómo encontrar lo que quieres? Y no sólo eso, sino comprender cómo funcionan las cosas, cómo debes tratar a las personas que no conoces o cómo desarrollar teorías (científicas y de las otras) muy interesantes sin tener idea alguna de sus bases ni experiencia con sus postulados. Lo bueno del asunto es que te sorprenderás de lo que aprendas momentos antes de que te sea realmente útil el saberlo, con lo que siempre podrás aprovecharte de esta habilidad. Por desgracia, es muy probable que termines aburriéndote de lo inmortal y omnisapiente que te volverás con esta habilidad, pero los beneficios son indudables. Además, ¿quién te dice que no puedes apagarla a voluntad?

- Creación. Bueno, pues eso. No invocar, no transmutar, no transformar-materia-en-energía-y-viceversa. Simplemente, crear materia y/o energía en mayores o menores cantidades, en mayor o menor nivel de complejidad y controlarlas como quieras. ¿Te están atacando? Crea un escudo delante tuyo y una espada tan afilada y resistente como permita la física. ¿Necesitas un refugio? Constrúyete una vivienda sencilla instantáneamente, con un par de dormitorios y un jacuzzi, si quieres. ¿Te serviría de algo tener un pañuelo? Bueno, puedes tejer hebras de masa pura. ¿Andas corto de fondos? Crea un puñado de diamantes. ¿No es este el poder definitivo? Puede ser la más difícil de dominar, pero es sencillamente la mejor; Dios y tú sólo os distinguiréis en que él no tiene reglas que seguir, ya que él las escribe a su gusto, con lo que tú serás el que disfrutará del juego (pues las reglas son para que los juegos existan, y no al revés). En combinación con la intuición sobrenatural, además, puedes crear obras de arte endiabladamente chocantes o dispositivos sorprendentemente ingeniosos. Que sean lo que te esperas es harina de otro costal, pero bueno...


Recordemos lo que nos dice la abuelita, en todo caso: recuerda que, con un gran poder, viene una gran responsabilidad. No recuerdo qué abuelita nos lo dice Ni me interesa. Pero la cuestión es que disfruto soñando lo que haría con estos tres superpoderes.

¿Qué superpoderes querríais vosotros?


(Sucesivamente, imágenes de Alita, el Ángel de Combate; Linterna Verde; Superman y Batman; y el Dr. Manhattan. Y el próximo día SIN REALIDAD, ¿Qué Haríamos Con Nuestros Superpoderes?)

sábado, 4 de abril de 2009

Pues va a ser que no.

Bueno, la semana pasada dije que escribiría "mañana". Ehem... Con eso quería decir "este" mañana.

La verdad, hoy no tengo mucho que decir, tampoco. Tenemos examen práctico de microbiología el lunes, tres días de clase (miércoles santo inclusive, sí... así que de santo tiene poco) y un par de trabajos por hacer. Como si eso fuera poco, La Hora de José Mota ha terminado su primera temporada, y estoy considerando el darme a la bebida para compensar el vacío que ha dejado en mi vida.

Pero eso no será hoy. Hoy no. Mañana.


Más que otra cosa, el chou de Mota era divertido, algo mordaz y ácido, y muy cínico, pero desternillante. ¡Humor manchego, que él mismo ha dicho varias veces en sus programas! Lo único que puedo echarle en cara al moreno de Cruz y Raya es que algunos de sus sketchs estaban empezando a volverse algo repetitivos, y no es que me importara, porque me gustaba de todos modos. José siempre hacía gags cómicos pensando en el presente, muy centrado en la crisis y en los problemas cotidianos de la gente, en los pequeños y en los grandes; el Tío la Vara es el ejemplo claro de esta faceta comprometida de su programa. Y estoy de acuerdo con él: en el mundo hay demasiada tontería. Demasiá.

El nuevo superhéroe, dispuesto a proteger al débil, al indefenso, al ciudadano de a pie... de la tontería excesiva que hay en el mundo. Que la hay, y mucha.

¡Y lo mejor de todo es que la plantilla de actores que le acompañaban era de primera! En ocasiones, hasta trajeron a extras famosos y todo... especialmente memorables son las incursiones del personaje del guardia de seguridad (Nombre: Facundo Collado. Alias: Fariseo. Obsesión: Molestar famosos), pero la presencia de cómicos con papeles secundarios te alegraba el día. El Averroncho, el alarmista social, el primo... todos ellos son personajes que quedarán en la psique subconsciente de los televidentes que disfrutan del genio indiscutible de la pandilla de gamberros más divertida que recuerdo.

Le echaré de menos, pero también espero que no esté fuera de servicio mucho tiempo. En cuanto al programa sustituto que le van a endosar al viernes por la noche los de RTVE (¿Y ahora qué?), en fin... creo que la fórmula de "payaso gordo/payaso flaco" está un poco gastada, pero a lo mejor les sale bien y todo. Ya veremos.

Mota no ha dejado de meter situaciones cotidianas en todos sus programas, desde conflictos de pareja a los engorrosos que se van sin pagar, todas ellas tratadas desde un humor... especial.

En todo caso, quiero que dediquemos unos pocos segundos de esta nuestra ajetreada y dura vida para recordar a José Mota, cómico... un genio que ha cambiado el lenguaje castellano de uso cotidiano, introduciendo frases hechas del calibre de "Si no es por no ir, pero ir pa ná, es tontería", o "No es por decir que no, ¿pero y si sí?", o la ya clásica "Ah-pa-qué-pa-qué", y que ha hecho temblar el mundo de las audiencias televisivas a varazo limpio. Si es que este hombre es ansia, ansia viva...

Don José, no se nos vaya. Que todavía tiene letras que pagarnos.

Los programas de La Hora de José Mota están disponibles en un bello blog del que, en teoría, se pueden descargar, con lo que os lo enlazo aquí.