Acabo de ver (con mis respetables progenitores) la última película de Indiana Jones. Sé que será la última, porque no puede subir más en la escala cósmica.
Tengo motivos para decir eso, creedme. Coge a George Lucas, más Steven Spielberg, más Han So... digooo, Harrison Ford, y tenemos el final definitivo de una de las sagas más grandes de todos los tiempos. Efectos a cascoporrillo, masas ingentes de extras generados por ordenador (y no), hormigas gigantes, malos muriendo de formas interesantes, más efectos, cantidades incalculables de decorados de cartón piedra y, por algún motivo que no logro entender, un personaje al estilo Rebelde sin Causa que hace que la película desmerezca. Bastante. Al menos, al principio del filme.
Por otro lado, debo reconocerlo, Ford sigue estando a la altura de las circunstancias de los rodajes de su personaje estrella. Porque, también hay que reconocerlo, los personajes de Han Solo y el de Indiana Jones tiene un indudable parentesco, mayor que el que Lucas, su padre putativo, puede asumir; estos primos hermanos, cuyos parecidos van más allá de la indudable similitud en su (casi inexistente) respeto a las normas, en su desdén al peligro y en su chocante, muy chocante, sonrisa torcida (patentada por Ford, estoy seguro; por mucho que la intente repetir delante del espejo, soy incapaz, y eso tiene que ver con el copyright, de algún modo que no comprendo, pero seguro). Tal es la similitud que podemos asumir que, en ambas sagas, Ford representa al mismo personaje, salvo que Indie tiene su látigo y Solo tiene a su wookie.
¿He mencionado ya los efectos? Estoy seguro, pero no está de más mencionarlo por duplicado. Por triplicado. Había cierto número de... muchos... efectos.
En realidad, algo que caracteriza plenamente a Indiana, su fiel látigo, está algo marginado en la película. Una pena. Puestos a mencionar detalles desagradables, supongo que no puedo dejar de mencionar que el personaje de Mutt Williams, el mencionado individuo con moto, chupa de cuero y aspecto de James Dean, no es santo de mi devoción. Asimismo, la actuación de la ex-pareja de Indie (interpretada por Karen Allen, una vieja conocida de Jones, Marion Ravenwood) es algo sosa, no por falta de talento, sino por mal doblaje y guión sumamente cercenado. Dios sabrá por qué, no yo.
Como puntazos de la película, bueno, las actuaciones del bueno y la mala. Cate Blanchett se ha ganado mi respeto, si bien es una villana algo prefabricada en ciertas ocasiones, pero el esoterismo es siempre una cualidad que aprecio en las chicas malévolas de las películas. Especialmente, si están al servicio de algún régimen de terror con un megalómano al frente.
Por cierto, la transición de nazis a comunistas ha merecido la pena. O, al menos, no me ha decepcionado. Los rusos mueren igual de bien que los alemanes. Y suelen ser igual de inútiles. Pero, ¡qué le vamos a hacer!
Aún y así, los gags y episodios humorísticos, solapados con las escenas de pelea de la película, no se hacen de rogar, y menudean en la última obra sobre el arqueólogo. El doctor Jones sorprende, ya lo creo, a pesar de su edad y gracias a su larga experiencia en luchar contra los malos, salvar al mundo y quedarse con el tesoro (bueno, no mucho), los méritos y la chica.
Bueno, con la mujer. Que esta vez es una mujer hecha y derecha. Quiero decir, "madura". Hoy en día, te arriesgas mucho con expresiones como "hecha y derecha".
Por último, el recurso fácil al Área 51, tan de películas americanas, me ha hecho sonreír; al principio, pensaba "¿tan bajo habéis caído, Steve, George?", pero ha sido mucho mejor de lo que esperaba.
Lo de sacar a Roswell ya me ha arrancado risitas.
Todo ello, aderezado con las inmediatas dudas que acarrean las superproducciones, especialmente las de aventuras; ¿cómo es que la pólvora es tan magnetizable? ¿De dónde salen todas esas luces en una catacumba del siglo dieciséis? ¿Es que nadie ha sobrevolado El Dorado?
Supongo que los gazapos forman parte ya del nutrido anecdotario de la magna obra de Spielberg. Y de Lucas. Y, por ende, de Ford. Pero, imagino, no es sólo culpa suya.
Finalmente, para cerrar esta crítica tan poco crítica, quiero añadir que Indiana Jones no ha sobrevivido ni de lejos, ni por asomo, lo que ha sobrevivido en esta película. Ni siquiera lo pienso dudar, y de ahí el título. Recuérdenlo, niños, si tienen una nevera en casa, ¡que esté forrada en plomo! Y no me preguntéis más, o caeré en el destripamiento de una película que merece la pena.
Merece la pena.
¿He hablado ya de los efectos especiales?
A FAVOR: Divertida,
rápida, interesante, irreverente, sin una pizca de aburrimiento.
Efectos. Personajes y escenarios están bien trabajados. El desarrollo y el principio de la película son muy buenos, y se disfrutan casi todas las
escenas de conversaciones y peleas.
EN CONTRA: A veces, el
argumento flaquea.
Imprecisiones históricas a saco.
¿Demasiados efectos? Tal vez los fieles al doctor Jones se sientan decepcionados con el
final.
SALDO: Definitivamente, es digna de verse, a ser posible en el cine. Si no, me temo que pierde mucho. Indispensable si te gusta el cine impresionante y elaborado.